16 de marzo de 2017

Bautizos

Estos últimos veranos ha habido numerosos bautizos en el pueblo. Muchas familias aprovechan el verano para llevar a sus pequeñajos y hacer allí esta ceremonia religiosa y social.

Antes y ahora, el bautizo se celebraba con una comida para los padrinos y la familia en general. Pero muchas cosas han cambiado. Antaño el bautizo se realizaba tras la misa, en lo que se llamaba “la doctrina”.

Los padrinos del niño solían ser alguno de los “compañeros de boda” (Los compañeros eran amigos cercanos a los novios, con un papel protagonista en la boda, solían ser dos por cada novio, como contábamos aquí, cuando hablábamos de las bodas). Pero para ser padrino había que estar a buenas con el cura y haber pagado el cuartal, un pequeño impuesto que pedía-exigía el párroco de turno.

El bautizo, para la madre del niño, marcaba el reinicio de su vida social: hasta ese día, se mantenía encerrada en casa desde el nacimiento, unas tres semanas antes. Allí la visitaban vecinos y familia para llevarla chocolate y caldo de gallina, para ayudar en su recuperación.

Y lo que no cambia, aún sigue manteniéndose la costumbre de hacer partícipes de la celebración a los vecinos lanzando kilos y kilos de caramelos por las calles. Niños y mayores (muuuuuchos mayores, algunos sorprendentemente ágiles en esos momentos) se agachan para “apañar” caramelos. Antes se lanzaba hasta dinero, monedas pequeñas que llovían junto a los dulces, para felicidad de los asistentes.